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TODOS A BORDO:

Bienvenidos a Isla Victoria y Bosque de arrayanes
Porque todos algunas vez lo pensamos cuando nos preguntaron: “¿Qué te llevarías a una isla?” No sabemos cuáles de tus objetos preferidos (y/o funcionales) elegirías; pero, de lo que sí estamos seguros es que esta guía #Travelera sería de la partida.

Quizá recorriste este clásico dúo como es Isla Victoria y Bosque de Arrayanes cuando tenías 18 años y te fuiste de viaje egresados. No te prometemos volver a tener esa edad, pero sí a disfrutar de este lugar mágico. Y si no fuiste nunca, apuntalo en los pendientes para visitar en breve, porque te esperan todo el año.

Se dice que es una verdadera gema natural y es la isla más grande del mítico lago Nahuel Huapi. ¿El motivo? Su fauna y su flora autóctona y exótica la convierten en un destino interesante. Entre su flora podemos descubrir, principalmente, tres especies de árboles: la lenga, el coihue y el ñire, juntos generan un mix perfecto y recargado de oxígeno para todos quienes la visitan. En cuanto a las especies, la diversidad es exquisita: cientos tipos de: vertebrados, aves, mamíferos, peces, anfibios y reptiles.  Por su parte, el bosque es ya un hito en sí mismo porque es el último natural de Arrayanes. Este dato ya debiese ser un argumento por demás de sólido. Pero, ¿y si mejor nos ponemos el salvavidas y nos adentramos aún más en este paraíso?. Por acá ya estamos listos ¿Comenzamos?

Por supuesto, y como era de esperar, se llega luego de una hora de navegación. Por lo general, las embarcaciones salen desde Puerto Pañuelo en la majestuosa península Llao Llao. Al arribar a la península de Quetriche (¿Sabías que es el nombre de Arrayán en mapuche?). Fue “creado” en 1971, cuenta con más de 1800 hectáreas. Su antiguo dueño, el Dr. Antonio Lynch, lo donó a Parques Nacionales, y sólo conservó una parte para sus herederos,  fue quien lo bautizó. El color azafrán y las flores blancas hacen de este árbol una belleza en sí misma. Como si hiciese falta más, la conformación inusual de un bosque, invita a sentirse en un verdadero cuento (¿Un regreso a nuestra niñez?). Una vez allí, recorrer los senderos que llegan hasta Playa del toro es una actividad obligada para terminar observando las pinturas rupestres realizadas por los pueblos originarios de la zona, todo en el contexto de una playa volcánica. Sí, el goce visual es indescriptible. Un dato súper interesante: por su alto valor ecológico constituye un parque nacional en sí mismo. Siguiendo los valores de la sustentabilidad y de la preservación, el disfrute es controlado, justamente para evitar alteraciones o destrucciones. Adoramos que se haga foco en esta conciencia verde.

Entre la fauna podemos deleitarnos con diversas especies como: Pudú (uno de los ciervos más pequeños del mundo y muy conocido en la región), el Huillín, el Coypo, el Zorro Gris, el Hurón y el Zorrino. Con respecto a las aves: la Gaviota Cocinera, el Cormorán, el Biguá, son los habitués de las costas del lago. Por su parte, la Avutarda o Cauquén, y la Bandurria, son visitantes en los lugares abiertos y cuando hay sol. El Zorzal, el Chucao, el Huet-Huet, el Comesebo Patagónico, el Carpintero Grande, están presentes en los ambientes boscosos.

El paseo se vuelve más enriquecedor porque se disfruta en compañía de guías realmente preparados en el tema que nos orientan ante tanta majestuosidad, brindándonos información precisa sobre esta maravilla natural y argentina.

Si estás pensando en visitarlos no hay impedimentos para realizarlos en cualquier época del año. Así que vayan coordinando agenda con quienes sean parte de la aventura. Porque si hablamos de experiencia, ésta, sin duda, es mágica e inolvidable.

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